Hola a todos. Ciertamente escribo esto a casi un mes de que se publicara el decreto por medio del cuál fueron revocadas las excomuniones a los cuatro obispos de la FSSPX, consagrados por D. Marcel Lefebvre, asistido por D. Antonio de Castro Meyer.He reflexionado mucho sobre el hecho, y por ello he dedicado este tiempo a valorar no solo la acción que tuvo lugar el 21 de enero, sino también el desarrollo que ha mostrado a lo largo de estas semanas.
No se si alegrarme o no, hablo honestamente, siempre he deseado que vuelva la tradición a la Iglesia, he orado para que volvieran estos obispos a la plena comunión, pero también he alzado siempre la voz para que se haga valer, sobre toda circunstancia, la palabra del Sumo Pontífice.
El Santo Padre ha cedido en todo, y la fraternidad no ha sido capaz de ofrecer los puntos concretos para llevar a cabo un diálogo sobre el Concilio, responde de manera ambigua sobre la aceptación del mismo, e incluso a cada oportunidad que se presenta, Mons. Fellay reafirma su postura de que el Vaticano II es una cuestión de cambio, trastorno de la fe.
¿Que ha aportado la FSSPX a la Iglesia? Con el Summorum Pontificum ya estaba rescatada la Tradición Litúrgica, con los nombramientos en la Doctrina de la Fe, con el relevo gradual de los modernistas, es lógico pensar que en este mismo pontificado la Tradición volvería de modo inminente. Sin negar el magisterio de anteriores Sucesores de Pedro el Concilio se reinterpretaría, no se negaría, se aplicaría correctamente, se reafirmaría la unidad continúa de la fe, que por malas aplicaciones del Concilio, parece haberse roto.
Sin embargo esta situación nos coloca de nuevo en una crisis de autoridad, el Santo Padre ha decidido poner fin a un cisma, mientras los cismáticos siguen sosteniendo que el magisterio actual de la Iglesia está en ruptura con la enseñanza milenaria de nuestra Santa Madre. Es decir, han vuelto a la comunión cuatro obispos que sostienen enseñanzas contrarias a las que el Sucesor de Pedro Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II transmitieron con toda su autoridad, emanada de su propio oficio, a la Iglesia Universal.
Luego de los movimientos hábiles del Santo Padre no contemplaba ya esta posibilidad, no era necesaria en lo absoluto. Descontentos al interior de la Iglesia, y no sólo de modernistas consumados, sino también de otros respetables prelados, críticas duras al card. Castrillón avivadas por los comentarios de Mons. Williamson, que necesitan un apartado especial, fracturas inminentes también al interior de la propia fraternidad. No veo nada claro el panorama, sólo inconformidades por todos lados y una Iglesia en dónde la comunión puede darse sosteniendo diversas verdades de fe.
De cualquier modo, debemos obediencia a SS. él es quién decide lo mejor para la Iglesia, pero si me parece por demás injusto que mientras D. Licinio Rangel y D. Fernando Areas Rifán, que mantienen la misma línea de la FSSPX, fueron forzados a firmar un documento dando plena validez al Concilio, a Mons. Fellay y colegas no se les exija lo mínimo, e insisto, el problema ahora no es el Concilio, sino la crisis de autoridad que este hecho provoca. No olvidemos que hubo ciertos rumores publicando que la firma del dicho documento ya habría sido consumada por Mons. Fellay, sin embargo: nada oficial.
En fin, seguimos en la misma confusión, aunque ya no pesan las excomuniones, la situación canónica sigue sin estar regulada, de modo que el decreto papa solo sirvió, aparentemente, para confirmar que había un estado de necesidad en aquel lejano 1988 y que quizá el Concilio entero sea una mentira, y en el peor de los casos que los nuevos ritos de los Sacramentos son inválidos. Obispos en comunión sin situación canónica regulada ¿no era mejor dar una solución a esto antes de firmar el decreto?.
El Santo Padre es un hombre inteligente y sabe como manejar asuntos de modo cauteloso y astuto, pero por ahora no alcanzamos a distinguir con claridad cuál es objetivo que se planteó en este asunto el papa Ratzinger, pese a ello nos abandonamos a sus sabias decisiones.
Que Dios nos ampare, para que la Unidad, ya de por sí lacerada de la Iglesia, no termine al fin como una pared cuarteada, dónde sigue formando un todo pero sin ser lo que debería de ser.
¿Que pasará con los obispos? ¿Qué estatus canónico se les otorgará? ¿Williamson también volverá a la comunión? ¿Que fracción de la fraternidad querrá volver a Roma?
¡¡¡HAGAN SUS APUESTAS¡¡¡





