Hola de nuevo, me he ausentado unos días, en los que emplee el tiempo leyendo
Jesús de Nazareth, del Papa Ratzinger, en una publicación posterior lo comentaré, ya sólo me falta leer el último capítulo.
Hoy quisiera presentar a ustedes un tema de suma importancia en la liturgia: El Altar.

El origen del altar se remonta a los pueblos paganos anteriores y contemporáneos de Israel, en su forma más primitiva no es sino un montículo de rocas, sobre las cuáles se ofrecen sacrificios, luego, con la legislación mosaica y su posterior interpretación se construyó el altar del Templo de Jerusalén de acuerdo a la visión de Ezequiel: Un bloque macizo de oro puro.
En los tiempos neotestamentarios, con la institución de la Eucaristía, que es un SACRIFICIO, la recién nacida comunidad de creyentes, se vio en la necesidad de construir altares, y se dio por hecho siglos más tarde, que el primer altar cristiano fue la mesa de la última cena, y en un sentido más explícito la cruz.
Pero ¿Qué altar utilizaban los primeros discípulos? Debido a la persecución romana, es lógico deducir que utilizaban las mesas de uso corriente de las casas donde s e escondían, pero esto ocurrió debido a un ESTADO DE NECESIDAD, recordemos la tradición según la cuál, Simón Pedro celebraba la Misa en un fragmento de la mesa de la última cena, y vemos que en las catacumbas y en las primeras basílicas romanas el altar dista mucho de una simple mesa.
Una vez superada la persecución, la Iglesia pudo construir verdaderos altares, que generalmente se erigían sobre la tumba de algún mártir, para tributar por medio de ellos, a quién, como dice San Agustín es el "mismo Dios de los mártires".
Los defensores del Concilio Vaticano II afirman que éste fue el hecho de que al altar se colocará de frente a la tumba del mártir y por ende "de espaldas a la asamblea ¿Esto es cierto?: NO. La Iglesia primitiva, heredera de la tradición judaica y medio-oriental, oraba y celebraba viendo hacia el oriente, símbolo de dirigirse a Dios, no olvidemos el Benedictus:
"Nos visitará el Sol que nace de alto", Cristo es ese Sol, que surge del oriente y hacia el que nos dirigimos al orar; algunos objetan que las basílicas romanas más antiguas tenían la cátedra en el ábside, en el centro del crucero estaba el altar, ya que de este modo la celebración tenía lugar "de cara al pueblo" ¿Qué hay de verdadero en este argumento? Con respecto a la arquitectura de las basílicas la información es cierta, en el ábside se encuentra la cátedra, en San Pedro se observa la célebre "Cátedra de Pedro", sostenida por cuatro padres de la Iglesia, pero volvamos al tema original: la orientación de la celebración. En Roma éstas basílicas tienen el ábside hacia el occidente y la fachada hacia el oriente, de modo que en realidad, el celebrante, más que mirar " de frente al pueblo", se dirigía al oriente, y más aún, Klaus Gamber nos informa que durante la Eucaristía, también la asamblea se volvía al oriente, dando "la espalda al celebrante".
Vamos ahora a tratar el tema de la forma del altar: la forma básica y verdaderamente apostólica y tradicional es la de un bloque macizo de piedra natural o de bronce y sólo en raros casos madera, ejemplos de esto los vemos en la Basílica de San Pedro, San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros. Cuando ya no fue posible construir altares sobre tumbas de mártires, se estableció que se consagrara el "ara" (una piedra grabada con cinco cruces y ungida con crisma) y que se colocaran en ella reliquias de mártires, de modo que el ara fuese en realidad el altar, hasta hace poco se prescribía que la Misa se celebrara siempre sobre el ara, que podía incrustarse en un lugar fijo, o podía servir como "altar móvil", así, que si la Eucaristía se celebraba en una estructura de madera u otro material, siempre existía el ara, el altar de piedra.
Al paso de los siglos, la Iglesia cayó en la cuenta de la importancia del altar, es la piedra para celebrar el Santo Sacrificio y signo de Cristo mismo, la piedra angular, por lo tanto es la parte principal del templo, y dada la magnitud de algunos de ellos, se hizo necesaria la construcción de nuevos elementos para realzar su dignidad, básicamente éstos fueron dos: El retablo y el baldaquino, y cuando no existía ninguno de ellos se emplearon las gradas del altar.
Del retablo tenemos ejemplos hermosos en Compostela, España, y en la Catedral de México, el baldaquino es una especie de dosel sobre el altar, como el de Bernini en San Pedro, Roma. Las gradas fueron el recurso que emplearon los templos más pobre para realzar la dignidad del altar, sobre éstas se colocaban candeleros, flores, el crucifijo, y la imagen del patrón (a) del templo.
Los liturgos modernistas dicen que el retablo, el baldaquino y las gradas restaron su valor al altar, pero hoy vemos cómo al entrar a una iglesia, que tenga cualquiera de éstas estructuras, la mirada se dirige instantáneamente a ellas, e ignora totalmente el nuevo altar, que casi siempre es una mesa, o un bloque en el mejor de los casos, sin valor artístico.
Ahora aparecen dos cuestiones ¿Cuál era la forma original del altar, cuál debe de ser hoy? Ya hablamos al principio de ka primera pregunta y dijimos que por un ESTADO DE NECESIDAD, era una mesa, y luego dejamos en claro que la forma es un cubo de piedra natural o bronce; el baldaquino, el retablo y las gradas, son en realidad el adorno del altar, y en cierto modo la anticipación del altar celestial, rodeado de los santos, de la gloria celeste, de luces, flores, ángeles, presidido siempre por el crucifijo, el Sacrificio Redentor de Cristo, y en algunos casos por el mismo Señor Sacramentado.
¿Cuál era la necesidad de construir nuevos altares luego del Concilio Vaticano II? Queda claro que una mesa no es lo más apropiado ni lo más "patrístico", es obvio que los altares nuevos han pasado a ser vulgares, comunes e ignorados por todos ¿Porqué entonces el cambio?
1.- Para atenuar el concepto de sacrificio y sustituirlo por el de cena (ara vs mesa)
2.- Para hacer un rito antropocéntrico, de frente al pueblo, y poco a poco excluir la supremacía de Dios, la celebración la "hace el pueblo", no es ya un don de Dios.
3.- Para reducir el valor del sacerdocio y hacer que el celebrante sea un "animador", un "presidente", no un SACERDOTE.
¿Soluciones?
1.- Remodelar los altares modernistas, haciéndoles bloque y no mesa, ni ninguna otra forma extravagante post-concilio.
2.- Ubicarlos "versus orientem"
3.- Colocarles un crucifijo en el centro.
4.- En donde aún exista: utilizar el altar antiguo y devolver la mesa al comedor, ahí si que es útil.
En una publicación posterior trataremos el tema del tabernáculo. Por lo pronto los invito a comparar las imágenes, hablan por sí solas.
Un altar primitivo y sus posteriores evoluciones




"Altares" modernistas



Oremus pro Pontifice nostro Benedicti XVI. Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum ejus.