martes 30 de diciembre de 2008

DEO GRATIAS¡ MISA TRADICIONAL EN EL ALTAR DE LOS REYES EN LA CATEDRAL METROPOLITANA

HOLA A TODOS...
CON GRAN ALEGRÍA Y CON ALGO DE VERGÜENZA (porque nunca había vivido algo asi) LES PLATICO QUE HOY, EN LA CATEDRAL DE LA CIUDAD DE MÉXICO ASISTÍ POR PRIMERA VEZ A LA CELEBRACIÓN DE LA SANTA MISA SEGÚN EL RITO DE SAN PIÓ V, EN SU FORMA "SOLEMNE", CON CANTO, DIACONO Y SUBDIÁCONO, Y HA SIDO LA MEJOR MISA QUE HE VIVIDO Y PRESENCIADO EN MIS 22 AÑOS DE VIDA.
DOY GRACIAS A DIOS, A D. NORBERTO RIVERA, A FELIPE ALANIS, A LA FSSP Y AL PADRE ROMO POR HABERME DADO LA OPORTUNIDAD DE PRESENCIAR ESTE SAGRADO RITO EN EL ALTAR MAS BELLO DE MÉXICO.
LUEGO LES COMPARTIRE LOS DETALLES DE MI PRIMERA EXPERIENCIA DIRECTA CON LA TRADICIÓN, Y DÉJENME LES DIGO QUE REAFIRMO LUEGO DE ESTAR EN ESTA MISA TODO LO QUE HE ESCRITO EN ESTE BLOG.

lunes 1 de diciembre de 2008

Flor....Ahora que estamos próximos a la fiesta de la Inmaculada

Hola de nuevo, en esta ocasión quiero presentar un cuento que escribí hace poco, no sé cuál será su reacción, pero lo escribí tratando de reflejar lo más fielmente posible nuestra fe. Espero les guste, lo disfruten y lo compartan si creen que vale la pena.

Algunas veces las flores nos cuentan en sus historias los secretos más hermosos que la razón no alcanza a comprender. Siendo tan pequeñas son capaces de transformar por completo el rumbo de la humanidad. Esta es una de esas bellas historias, no solo eso, es la más bella historia que sobre una fragante flor pueda escribirse, nunca tendrá el universo flor más candorosa que ésta...
Amanecía... el lucero matinal anunciaba ya el nacimiento próximo del sol. Un jardinero, sabio, ha tiempo tiene preparado el jardín dónde plantará él mismo una linda azucena, pura, cuál jamás ha existido otra. Y así fue. Cuando el sol estaba ya próximo a brillar sobre el mundo se levantó esa pequeña flor, algo adormilada, entre todo el jardín preparado desde el comienzo de la humanidad.
Creció así la bellísima flor, los días transcurrieron, y a ciencia cierta nunca se supo que flor desconocida es este prodigio... azucena por transparente, rosa quizá por su misticismo, lirio tal vez por sus diversidad y su singular de belleza.
Amaneció, muchas veces la flor contempló extasiada el prodigio del nacimiento de la luz, pero ahora había algo diferente... un rayo ligero, una luz blanca, transparente y a la vez cegadora se posó sobre la blanca azucena, y la belleza de la que ya era poseedora, cual ninguna otra criatura, adquirió mas brillo, mas claridad. Siendo una flor entre tantas otras que el jardinero hábil había plantado resplandecía ahora alta, con nuevo esplendor, era otra. El jardín entero conocía, puede ser que de forma velada todavía, que ahora en esa flor, una entre tantas, pero singular, se encontraba el arcano más sagrado, escondido en los pétalos fragantes de la flor estaba contenido el universo en sí. ¿Era eso posible? Puede haber dudas, pero fue real, una pequeña rosa fue la escogida para resguardar el universo entre los pétalos que él mismo quiso darle.
La rosa, inocente y frágil, hallábase confundida, no sabía con certeza que fuerza misteriosa se había apoderado de ella. Hasta que luego de algún tiempo el universo que ella llevaba dentro fue haciéndose pequeño, tan pequeño como ella... y brotó un retoño, hermoso como la madre. ¿Quién ha dado la belleza a quién? no importa eso ahora, juntos eran una estrella que brillaba para disipar la tiniebla que, amenazante, se extendía sobre el inmenso mar, sobre el firmamento.
Y la estrella alumbró, pero los cardos, que también florecían en la misma tierra han tenido celos de ver tan refulgente flor. Han lanzado sus espinas sobre ella y sus gruesas raíces han arrojado al lirio místico a los confines del jardín, lejos de la tierra fértil que vio nacer tan grande prodigio. Lejos del jardín está ahora la azucena, abandonada del jardinero quizá. Pero pese a ello no pierde su virtud, enmedio del desierto sigue brillando alta y fuerte. Las noches frías no consiguen quemarla, ni el calor sofocante del día puede marchitar su hermosura. Allí permanecerá, hasta el tiempo determinado para que el universo, que en forma de retoño nació, comience a crecer... y todo vuelva a ser uno con él.
No es fácil conocer el tiempo según el cuál se mueve la infinitud, pero el día llegó, sucedió. Y el retoño fue alejado del lirio inmaculado. La rosa era la misma, era feliz, aunque conocía también el dolor, pero conocía sobretodo la magnificencia con que el retoño habría de restaurar todo el jardín a la belleza originaria que poseyó.
Plantada de nuevo, en la tierra en que conoció la primera luz, transcurrió una vida sin sobresaltos, dulce, y con savia excelsa siguió siendo la misma flor, el malvón común que mereció ser portador de la divinidad... más antigua que todo, pero siempre nueva.
Hasta que un día sucedió lo inimaginable, vio elevarse al retoño que ella hizo florecer, pero no se elevó triunfante, era más bien desconcertante... desde cualquier lugar se le podía ver, seguía siendo radiante, pero sus pétalos eran ahora raudales de dolor, estaban traspasados, mutilados... del corazón del retoño un río de color tan intenso como el granate corría hacia todas direcciones y volvía fértil lo que a su paso encontraba. La rosa contemplaba atónita el prodigio, hasta las raíces profundas de los más diversos seres eran liberadas poco a poco, veían la luz y florecían, los espinos se marchitaban al contacto con el río, pero algunos renacían en formas bellas e inigualables.
Y la azucena, la blanca azucena, quiso ser también partícipe de tal maravilla, unió su débil cáliz al corazón del que manaba el líquido tan venturoso... ella misma regó con el agua de sus lágrimas la flor que pendía en lo alto, y con esa agua limpia pudo continuar hasta consumar su propio destino. El agua de la flor fue el sustento que apagó la sed, de aquellos que tristes, lloraban por la suerte que la maldad preparó al propio universo.
Luego todo fue oscuridad... el tiempo parecía haberse detenido en un segundo infinito. La flor que se mostraba gloriosa y vencida en lo alto desapareció a vista de todos. La buscaron pero no la encontraron, la llamaron, m{as nunca respondió. Quiso la alegría ocultarse bajo la tierra, porque luego de breves sufrimientos resurgió... lacerada aún por la miseria con que fue tratada, pero con un cuerpo renovado. Se escondió la inmensidad en los pétalos de una rosa, luego, bajo la tierra, y finalmente se convirtió en una esfera de luz. Poco a poco ascendió hasta volver a tomar el lugar que le pertenecía, porque es anterior a todo. Desde allí dejó, para el jardín que él mismo había regado, los pétalos que fueron mutilados, y el río púrpura con que devolvió la belleza a todo.
La azucena al fin comprendió el misterio aquel del que fue objeto hace ya muchos años. Y no podía dejar de maravillarse por haber sido portadora de tan grande sol. Continúo de nuevo su dicha, y los que perdieron de vista al retoño, encontraron en la flor el consuelo y la esperanza.
Llegó finalmente el día indeclinable, el precioso lirio, fatigado por los años durmió... no dejó a un lado su belleza, durmió profundamente, con paz y serenidad.
En un lecho de follaje verde, y rodeado por los más finos ropajes de las flores más sublimes, el bello lirio permaneció quieto.
El jardinero contempló el dulce sueño de la flor escogida que él mismo plantó, y no pudiendo dejar que tal belleza se perdiera, quiso tomarla en sus manos, la alejó del bendito lugar dónde había reposado, y de nuevo apareció la primera luz, blanca, centellante, divina... un sol inmenso hizo que la rosa pura se erigiera de nuevo, cuan bella y graciosa fuera cuando la plantó. Luego algo sucedió, el universo que ella contuvo comenzó a tomarla... como el más puro incienso que se quema sobre un altar, el lirio precioso comenzó a ascender, dejaba una estela del olor más exquisito que jamás la tierra haya visto, era su esencia blanca, fue coronada con las piedras preciosas más hermosas que el mismo infinito posee...fue asociada para siempre, esta rosa mística, al misterio del universo.
Muchos aún creen en la historia del lirio, otros dicen que es ficción, algunos piensan que jamás milagro semejante puede ocurrir. Pero fue real. La rosa pasó a la inmortalidad, sólo nos dejó a sus congéneres para acordarnos de ella.
A lo largo de los milenios la gente sabia ha tratado de inventar un nombre que pueda contener la maravilla y gloria que la flor poseyó...Lirio de los valles, Rosa de Jericó, pura como Azucena. Su nombre, dicen, era Mariam, Myriam, María... Ella es leyenda para muchos, pero ahora arde en la eternidad asociada por siempre a su Creador.