martes 6 de enero de 2009

MISA TRADICIONAL EN LA CATEDRAL METROPOLITANA: UNA CRONICA PERSONAL

Ahora sí, lo prometido es deuda, luego de la publicación de la entrada anterior, ahora si, aquí les presento mi crónica personal de la Misa de siempre, que tuvo lugar el 30 de diciembre en la Catedral Primada de esta Arquidiócesis de México, la primera a la que asistí a mis 22 años de vida.
He permanecido fuera del DF desde el primer día de la novena de Navidad hasta el día 28 de diciembre del año pasado, es decir 12 días fuera del mundo del ciber espacio, de los correos electrónicos y de las noticias del mundo de la Tradición. De modo que fue hasta el 28 de diciembre cuando en el sitio CREER EN MÉXICO, me he enterado de la celebración, según la forma extraordinaria del rito romano, tendría lugar en la catedral de mi ciudad. Me ha dado un salto enorme el corazón y de inmediato invité a mis amigos y familiares más cercanos.
El día 29 he salido a tomar un café con un amigo muy cercano, hemos conversado sobre la Tradición y concertamos la cita a las 10:50 am. del día 30 de diciembre.
Durante la noche del 29 he preparado la ropa adecuada para tan grande ocasión, revisé el calendario litúrgico, fiesta de la Sagrada Familia, ornamentos blancos (corríjanme si me equivoco).
Por la mañana he realizado las prácticas cotidianas, he aseado la casa, tomé una ducha y a las diez de la mañana salí en el transporte público hacia el Zócalo de la Ciudad de México, tan lleno de una "Navidad" sin Cristo. En el camino me percaté de que había olvidado el misal, pensé que iba a ser un gran obstáculo asistir sin el a Misa, pero ya era tarde para volver.
Ya en catedral entre hasta el altar de los Reyes, ahí me informaron que en breves momentos nos harían pasar, era increíble ver las sotanas y los roquetes encendiendo candeleros, colocando el Cristo y las Sacras en el Altar, nunca en una misa Novus Ordo hemos visto eso, todo hecho con reverencia y devoción, nada que ver con nuestras parroquias invadidas por laicos sin el mínimo respeto hacia la Iglesia y el Santo Sacrificio.
Finalmente a las 11 am se abrieron las vallas y me acerque hasta el centro del altar, mi amigo aun no llegaba, pero no quise ya utilizar el teléfono celular dentro de la Catedral.
El padre Romo y el ceremoniero de Catedral dirigieron breves palabras a la concurrencia sobre la forma extraordinaria, luego de ello me he acercado hasta el barandal del comulgatorio, del lado del Evangelio, finalmente llegó mi amigo y casi al instante comenzó a sonar el órgano y a vislumbrarse la procesión.
NO sabía qué hacer, no tenía el canto del Introito, de modo que únicamente pensé en el gran misterio del Verbo hecho carne, mientras la procesión solemne avanzaba al sagrado Altar. En el momento del Confiteor, que gracias a Dios lo conozco, pedí perdón a nuestro Señor, a los ángeles, a los santos, por mis propios pecados y por aquellos enemigos de la Tradición.
Sentí una alegría inmensa cuando el sacerdote entró ya purificado al altar, ahora sí estábamos listos para participar de tan grande Sacrificio. Pude cantar el Kyrie, el Gloria y me uní a la Colecta.
Después escuchamos la Palabra de Dios, la epístola, el gradual el Evangelio, ciertamente no entendí todo, pero los había revisado la noche anterior y recibí gustoso las palabras del Evangelio.
Luego vino un hermoso sermón de Padre Romo, nos hizo captar la grandeza de la Misa de siempre. Hemos ofrecido la víctima santa al Padre Eterno y nos hemos unido con Cristo para dar gracias por sus dones inefables, y durante el canon he sentido como tenía lugar la actualización del Calvario, con gran respeto y emoción hemos visto la elevación, el Sanctus y el Agnus fueron los cantos que acompañaron estos momentos.
La comunión, de rodillas, con tanta fe que hoy es raro ver, todos con la mayor devoción, fuera de espectáculos o de meros sentimientos efímeros.
Para finalizar recibimos la bendición del Padre Romo, y con gran alegría por haber sido alimentados con el Pan de los Ángeles hemos abandonado la catedral.
No quise arruinar ese momento tan especial para mi tomando fotos, por eso no las tengo, pero luego de estar por primera vez en mi vida en la Misa Tridentina, puedo decir que la reforma fue un grave error, y que sólo en la Misa de siempre se haya la solución para que la Iglesia vuelva a ser también la Iglesia de Siempre, no la locura modernista que propició el Vaticano II.